LAS COSAS TIENEN MOVIMIENTO de Cristián Lagiglia

El lunes, al volver del trabajo con una pena inédita, entró en su casa y, automáticamente, levantó la vista para mirar la hora en el cuarzo del microondas. Tuvo que chequearla en su teléfono porque el microondas ya no estaba ahí, sobre la heladera, como lo había estado durante tanto tiempo. Era la tarde noche de una semana que empezaba torcida.

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